Joani Blank es una de mis ídolas personales y pionera en el campo del placer femenino. La fundador de la tienda Good Vibrations, nació en Boston, en 1937, agarró su colección de vibradores antiguos e instaló un museo, Antique Vibrator Museum, en San Francisco donde muestra los artefactos que buscó durante más de 20 años viajando por ciudades como Honolulu o MorganTown.
Sus aparatos que datan del año 1800 a 1970 también los exhibe en el museo online y fueron usados originalmente para curar “la histeria femenina” mediante la inducción al paroxismo histérico como le llamaban los médicos al orgasmo. Eso, hasta que en 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría reconoció la función sexual femenina como una actividad normal de la mujer.
El primer vibrador lo diseñó el médico estadounidense George Taylor quien patentó el “primer motor de vapor de masajes y aparatos vibratorios” en 1869. Ya en 1900, el asunto se pegó un vuelo y se comenzaron a fabricar vibradores conectados a la electricidad. Era plena época de los electrodomésticos así que ya funcionaban a corriente la máquina de coser, el ventilador, la tetera y la tostadora. Y el vibrador no podía quedar fuera de tremenda tecnología.







