Fernando Paulsen y Cuentos Para Grandes

El miércoles 9, Jane Morgan se subió al panel de Cuentos Para Grandes, una antología de historias ilustradas que convocó a 52 escritores e ilustradores, para celebrar el aniversario de los 5 años de Japi Jane. El panel estaba además compuesto por Alberto Montt, ilustrador, Jani Dueñas, escritora, y Fernando Paulsen, quién moderó el lanzamiento y dio este maravilloso discurso de bienvenida a los que asistieron.

“Agradezco profundamente que Japi Jane me haya mandado su libro en fotocopias y con las portadas en blanco, como las ven aquí. Lo que podría parecer algo todavía no terminado o a medio hacer, para mí fue providencial. En la misma semana, hubiera  tenido que explicarles a mis cuatro hijos que su padre aparecería en la portada de la Revista Cáñamo y que, además,  lanzaría un libro que eleva la técnica del DJ, que es juguetear con el clítoris de tu pareja mientras se hace el amor, a un ejemplo glorioso de sexualidad libre. Afortunadamente ninguno preguntó por esa copia de tapas blancas que leía en las noches. La que preguntó fue la mamá de los niños y, créanme, traté de explicar lo mejor que pude. Y pude súper bien. Gracias Jane.

Somos un país intrínsicamente hipócrita. No por maldad, sino por la incapacidad de reconocernos con las debilidades humanas que tenemos. A la hora de contar nuestras proezas sexuales, exageramos frecuencia, potencia y excelencia. No lo hacemos tanto como decimos, no dejamos a nuestras parejas echas pebre y preguntando ¿cómo no te conocí antes?, ni somos tan conocedores de la sensibilidad femenina como para transformarnos en máquinas de placer. Mentimos como todo el mundo. Aumentamos nuestros cuentos sexuales porque sentimos que lo contrario nos minimiza. No nos iguala, porque todos exageran. Y entonces exageramos con el resto. Por eso el primer éxito del libro de Jane Morgan se encuentra de inmediato en la página de introducción. La gringa que no parece gringa y que domina el mercado del placer sexual legal, es igual al resto de nosotros. Y lo dice: “No soy la más seca para el sexo ni sigo siempre mis propios consejos”. ¡Qué bálsamo de honestidad! ¡Y qué alivio encontrar de entrada a personas que se asemejan a uno!

Japi Jane ha caído en medio de nosotros para regalarnos un poco de humildad. Para enseñarnos que si necesitamos de estímulos externos para darnos placer o darlo a otros, es porque las capacidades personales limitan con la rutina, con el hastío, con el paso del tiempo. Su tienda es un pedazo de sinceridad en medio de un ambiente plagado de mentirillas destinadas a proteger al ego. De todas las cosas que nos daba vergüenza hacer cuando éramos jóvenes, ir a comprar condones era lo único que no le pedíamos a la mamá que comprara por nosotros. Quizás por eso los de mi edad nos iniciamos mayoritariamente a pecho descubierto. Y tres cuartas más abajo también. Eso ha cambiado, no cabe duda. Y lo demuestra no sólo la tienda de Japi Jane, sino -sobre todo- los clientes. Que me imagino entran a comprar y no a hacerse los giles como si estuvieran evaluando un evento antropológico. Mirando aquí y allá, leyendo un envase, sonriendo, todo para esperar que se vayan los demás y se pueda comprar el maldito consolador sin que nadie se de cuenta. No, hoy el sexo y el placer son más desembozados y por eso son más humanos.

Es cierto, somos más abiertos que hace 30 años. La prueba está en los cuentos que componen este libro. Hubiese costado escribirlos hace tres décadas, sin seudónimos, con nombres reales, con hombres y mujeres a cara descubierta, contando cochinadas ricas que pueden ser las suyas.

Van a encontrar historias de familia, encuentros casuales en una tienda, pérdida de virginidad, la cleptomanía que Diana Massis iguala a robarte lo que regalarías de cualquier modo. Leerán una pieza maestra de Jorge Baradit sobre la identidad vital, el reconocerse como parte de lo mismo, hasta fundirse literalmente el uno en el otro. Hay cuentos de una página y de cuatro. Se leen rápido y siguen leyéndose en la cabeza cuando se terminó de leerlos, porque dejan residuo, queda un sedimento de humanidad, de limpieza de propósito, de hacer caer las máscaras y mirarse al espejo como se es: tan maravillosos y tan miserables como somos. Con ese Porno que retrata la Janita Dueñas y que nos baja la cerviz, inclinándonos ante el imperio de lo individual, lo que gozamos solos, lo que exigimos -como derecho- no compartir.

Cuentos para Grandes es un regalo para grandes. En eso no es necesario ser precoz ni prematuro. Somos una de las pocas especies que goza abiertamente su forma de reproducirse. Y estamos en condiciones de contarlo a otros. Sin complejos, sin prejuicios, entendiendo que a veces estamos hablando de amor y otras simplemente de compañía.

En ocasiones contamos historias que reviven lo que se sintió alguna vez.

En otras soñamos en voz alta lo que sólo podremos tener en sueños.

Y aún hay otras en que, si el tiempo calza, si las cosas se dan y el azar juega a nuestro favor, se puede dar un encuentro irrepetible, fugaz como ese beso de gallinita ciega, que instale ensoñaciones futuras para siempre en nuestras duchas y sábanas, sin intención de repetirlo en realidad, por el pánico feroz de que no resulte igual.

Este no es un libro para seres perfectos, que sienten que lo que le pasa al resto nunca te va a pasar a ti. No es para quienes manejan sin cinturón de seguridad, porque nunca me ha pasado nada. No es para quienes se escandalizan por el alcoholismo del vecino, las drogas de otros niños y las infidelidades que sólo conciben en el cine. No, este es un libro para seres falibles. Para gente que comete errores, que se tropieza, que no concibe el sexo como pecado, que toma a veces malas decisiones y usa goma de borrar porque se equivoca cuando escribe. En eso somos mayoría abrumadora.

Bienvenidos estos Cuentos para Grandes.

Podemos tirar en paz”.