Confesiones desde Narnia / por Juan A. Puntové

Confesiones desde Narnia: Conversaciones con una vagina

En la última entrega nuestro valeroso y apolíneo protagonista se aventuró en la oscura parte del juego, dilatación y masturbación. También compró avena, pero eso a pocos le importa.

Frustrado por toda mi sesión de auto enseñamiento y crecimiento personal, cual Fernanda Urrejola en “Diario de una Profesional” opté  por salir. Salir a culear, para relajarme. Así que agarré mi ropa más simple, y de polera negra y jeans oscuros, partí al lugar de perdición más snob y odiable del mundillo gay: Bunker.

Bunker es como la Pachamama 2.0 de los gays. Claro, la primera fue Fausto, pero ahí no entro, por miedo a agarrarme sífilis de solo mirar a un tipo. Bunker se ve decente, va solo gente bonita, o wannabe linda, y viejos, con sus fag hags por excelencia. Un animal en vías de extinción la fag hag. Ya no abundan como antes.

Me muevo. Tomo vodka tónica, luego otro, luego otro. Hago ojitos, me bailan. Nadie me gusta. Hay una mina bailando sola con un tipo. La miro. Me mira. Me acerco. Me dice que es española. Que su novio la pateó. Me besa. La beso. Me mira intensa. Nos besamos de nuevo y me pregunta como confundida si soy gay. Le digo que más gay imposible. Me toma de la mano y nos vamos juntos.

OSCURIDAD CAVERNOSA

Padre, tengo que confesar algo, no muy religioso. Mis pecados son varios, pero el más oscuro (y a veces rosado) son mis aventuras como pseudo hetero.

Ah, la vagina. Ese misterio oculto y glorioso para algunos, un gnomo de proporciones para otro, y un completo enigma para mí. No es que no sepa lo que hago, lo hago bien según me dicen, pero solo que no es lo que me gusta.

“Te has pasado conmigo. Completamente”, me dijo la española, un poco llorosa, acomodándose el cinturón. Yo seguí con mi vodka tónica y luego agarré mis cosas y me fui. Pensando en qué hacer y cómo seguir en esta búsqueda, más confuso que nunca. Y para sacarme el sabor a mi mina, me fui a Soda, fui y bailé y terminé entre las sábanas de un nutricionista, alto, flaco, peludo, que me dijo todo el tiempo que me encontraba precioso, hermoso, con una espalda perfecta y un trasero que vale la pena.

Intento relajarme, que me dilaten, que no duela, pero duele igual. El pico es grueso, curvo, como un anzuelo. Duele como siempre, pero hoy, tras conversar con una vagina, solo quiero validarme como gay y dejo que haga lo que quiera, en todas las poses imaginables, entregándome a una penetración dura y sistemática, donde el dolor y el placer se difuminan en uno solo, hasta que pierdo el conocimiento y me entrego a lo que venga.

3 Comentarios para “Confesiones desde Narnia: Conversaciones con una vagina”

  1. Kamilín dice:

    aaaah, nada como una buena reafirmación de la identidad, XD. Espero que lo hayas pasado super.

  2. Sex Shop Paraguay dice:

    Muy buenooo!!!!!!!!

  3. solange dice:

    OMG!!!!!!!
    eres genial!!!

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