Post escrito por:Calisto

Rápida lista de encuentros sexuales que espero tener de aquí al 21 de diciembre, antes de que Corea del Norte lance sus misiles y empiece un conflicto grande (me fui en la volá, pero esa es mi teoría), o en su defecto: sexo que quiero tener antes de morir.

Sexo en la casa de mi suegra: o más bien, sexo en un lugar prohibido. La casa de la mamá de mi pololo produce en él un efecto inmediato de “nicagando” que me calienta siempre. Lo intento cada vez que se da la oportunidad, pero no, es una zona prohibida y él no cede.

Hay ciertos fetiches que uno va descubriendo de a poco, con el pasar del tiempo o el pasar de los amantes. Nunca pensaste que te gustarían las palmadas hasta que te dieron unas, o siempre te calentó vestirte de colegiala.
En mi caso, yo sabía que me gustaba el tema sadomasoquista. No así como en la tele o en las películas porno, pero unas esposas de vez en cuando, una tironeada de pelo… fetiches simples al fin y al cabo, igual eran parte de mis fantasías. Por eso cuando llegó el Sex & Mischief a la tienda, me motivé a probarlo.
Así que aquí estoy, contándoles sobre la primera vez que hice realidad uno de mis fetiches: ser amarrada a la cama. Y ser amarrada “profesionalmente”, con instrumentos, con aceites de masaje, con velas amenazantes en el velador.
Obvio que no fue llegar con el Bondage Kit a la casa y decirle a mi pololo “oye mi amor traje unas amarras para que me des duro sin mi consentimiento”. No. Le expliqué que me gustaría probar, que no sabía si le interesaba (“no me llama la atención”), pero que a mí me gustaría intentarlo. Él me dijo que nunca lo había probado y  “bueno ya” si a mí me tincaba, así que lo pusimos en la maleta para nuestro primer viaje juntos.