Artículos de Daniel Brent en Japi Blog

Una historia con el amigo hétero curioso

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Creo que la mayoría de los gays hemos tenido un flechazo con un mino hetero. Ese hombre inalcanzable que en nuestra imaginación es seco en la cama, envidiando a la mina que se lo come y deseando ser Ranma ½ por 30 minutos para probarlo. Aquí me doy la libertad de tratar a los minos hetero como objetos, porque eso son en el mundo gay.

Pero hay veces en que la fantasía se vuelve realidad. Porque mientras las mujeres se encuentran lindas, se saludan de besos y duermen juntas, creo que los hombres también tienen la misma curiosidad, solo que su hombría o un machismo injustificado los hace bloquear esos pensamientos.

Mi mejor amigo hétero, al primero que le conté sobre mi homosexualidad y que es el único abierto de mente como para entender al respecto. Habían carretes en los que hablábamos noches enteras de sexo y las diferencias entre el sexo gay y con minas.
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Una historia con el taxista hétero curioso

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Era una típica noche después de carretear en la disco Soda. En la disco pinché un par de veces pero nada realmente bueno como para haberme ido al depto de uno de ellos. Había dejado el auto en casa para tomar tranquilo así que me fui a buscar un taxi.

La cosa es que después de bailar y del punteo típico de las discos uno termina caliente, entonces no hice parar a cualquier taxista, sino que me di el lujo de dejar pasar a todos los viejitos y esperar a uno más o menos bueno. Pasaron 15 minutos y se asomó cruzando el puente Loreto en dirección a Bellas Artes un chofer bastante bueno a primera vista.

Me subí detrás del puesto del copiloto (asiento que tenía muy adelante) y pude verlo completamente. Tendría unos 28 años, llevaba unos jeans ajustados que le apretaban los muslos, una polera manga corta y tenía pinta de flaite, toda una fantasía.

Como vivo lejos tuve el tiempo suficiente para buscarle conversa hot mientras cruzábamos hasta el otro lado de Santiago. “Y siempre estas de turno en la noche?” le pregunté. “Si po’, hay lucas seguras y es más entrete, uno ve de todo”. Listo! Con esa última frase me di cuenta para donde iba la conversación.
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Visita hot al médico

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Normalmente suelo correr después del trabajo para liberar tensiones, pero últimamente he tenido dolencias en las rodillas así que pedí hora al traumatólogo. Sin ninguna expectativa y creyendo sería una visita médica de rutina, entre a la consulta del doctor. Era un chico joven, de unos 28 años, alto de 1,80, rubio y ojos azules. Lo habían sacado de una película porno!

Me senté y empezamos a hablar de mi dolencia, la cual era la menor de mis intereses en esos momentos.
Me pidió que me sacara los pantalones porque me iba a examinar. Este tipo de situaciones ya no me generan vergüenza, así que me saqué los pantalones, los dejé tirados sobre la silla y me acosté en la camilla. Levanté un poco la camisa para mostrar los bóxer, en los que se me marcaba un bulto en su máxima expresión. Como si Calvin Klein llevara acento, para tener una idea.

Mientras me tocaba la rodilla y decía “te duele aquí?… y aquí?”, yo le miraba el paquete al doctor, del cual noté movimiento. Saqué la mirada de su paquete e hicimos contacto visual. También me estaba mirando el paquete! Me volvió a preguntar “Te duele?”, y le contesté “No me duele, pero me gusta”. A esa altura no tenía nada que perder.
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Ser gay a los 18, 29 y 30 años

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En estos momentos estoy a punto de cumplir 30, y aunque aparente tener 25 a veces me siento de 18. Por eso me puse a pensar en las diferencias que uno experimenta respecto de ser gay a estas distintas edades:

Salir del clóset:
A los 18: “Nunca jamás saldré”, uno se siente cómodo y quiere disfrutar sin causar problemas el mayor tiempo posible, “total no se me nota”, te dices. Se te pasa por la mente que es una etapa.
A los 25: Le cuentas a tus padres y a tus mejores amigos. Sientes qué tonto fuiste al no contarles antes porque igual te apoyan, contrario a lo que pensabas.
A los 30: “Contar qué cosa? Pensé que sabían”. Ya no te importa el qué dirán, te sientes dueño de tus decisiones y solo importa ser feliz.

Ir a una disco gay:
A los 18: Entras gratis antes de las 0:00, te emborrachas y te manoseas con todos, nada importa, es la ocasión y el lugar para el desenfreno y liberarse. Nadie te ve y a nadie le importa. No recuerdas cómo llegaste a casa.
A los 25: Llegas a la 1:00, la previa fue en la casa de amigos y vas al evento que te invitaron en Facebook. Pagas por tus tragos y pinchas dos o tres veces. Llegas feliz y cansado a tu casa.
A los 30: Llegas a la disco a las 3:00. Tratas de seguirle el ritmo a los más jóvenes, si lo consigues eres un winner o una Diva, si no, te quedas mirando todo desde lejos moviendo los pies. Casi no tomaste ni bailaste y estas muy cansado, sientes un poco depresión al llegar a tu casa.
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Mi experiencia como masajista de hombres

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Hace un tiempo quise explorar la sexualidad masculina y conocer lo que excita el cuerpo humano más allá del acto sexual, así que busqué un trabajo de masajista y comencé a conocer las zonas erógenas del hombre.

Compré emulsionado para guagua, me puse una polera ajustada y bóxer apretados. Me paré afuera de la puerta de la sala de masajes y esperé. Llegó el primer cliente, un gordito lampiño que a cada rato me preguntaba “y tú cuándo te vas a desnudar también?”. Luego de un par de arcadas, terminó la hora de masaje y esperé con ansias alguien más apetitoso de manosear, perdón, masajear.

Llegó un tipo de unos 30 años, ojos azules, pancita parrillera pequeña y pectorales musculosos. Se sacó la toalla y tenía unos muslos bien duros, unos glúteos redondos muy bien formados y esos sexy vellos que marcan la línea de la felicidad.

Se acostó boca abajo y comencé masajeando la espalda, hombros y piernas esperando llegar hasta sus glúteos. Cuando llegué a ellos, los empecé a sobar con fuerza, apretándolos y dejando que el aceite se esparciera muy bien y llegara a caer por los testículos a través del ano. Le separé las piernas suavemente para masajear la parte interna de los muslos, una de las zonas erógenas más excitantes que tiene el hombre.
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Aporte del deporte al sexo gay

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Ya llegó la primavera y como consecuencia aumentan las inscripciones al gimnasio y salir a hacer deporte al aire libre. Pero ¿cómo afecta el deporte en la actividad sexual?. Siento que practicar alguno puede ser muy excitante, ya que puede haber roce de cuerpos y algún manoseo. También hay otros que ayudan a mejorar el rendimiento en la cama y por sobre todo la autoestima. Aquí expongo una breve listas de los deportes que se pueden practicar y el beneficio sexual que entregan.

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Practicar natación nos entrega más resistencia y permite mejorar el rendimiento sexual. El tema es que puedes tener sexo en la misma piscina luego de un entrenamiento, pero puede ser un poco desagradable ya que no hay lubricación. El agua vuelve la piel un poco “áspera” y el roce puede ser muy doloroso y causar hasta fisuras anales. Sin mencionar que puede ser antihigiénico si al otro día alguien abre la boca por error. Wácala!.

Running:
Este es el deporte que practico con más frecuencia y basado en mi experiencia no creo que excite lo suficiente ya que uno termina cansado, quizá con alguna dolencia o contractura. Más que nada aporta a tener un mejor rendimiento, como tener sexo por un tiempo más prolongado o poder hacerlo varias veces seguidas. También he comprobado y los estudios científicos lo avalan que reduce la disfunción eréctil.
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Sexo en el Parque Urugay

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Ahora que el tiempo primaveral trae el calor de vuelta, decidí salir en bicicleta a dar un paseo por Santiago, paseando por lugares deportivos gays obviamente, como el barrio Bellas Artes, Parque Forestal, Lastarria y el Parque Uruguay (o comúnmente llamado Urugay). Lo bueno es que le puse un asiento prostático a la bicicleta, así que me entretuve bajando cunetas todo el viaje.

Me di cuenta que hay harto hombre bien mino haciendo deporte, tanto así que me distraje varias veces mirando el paquete de algunos corredores que se les marcaba todo.

Mi anécdota comienza cuando llegué al parque Urugay, por donde están unos pilares y muy cerca unas palmeras. En esta zona hay una especie de cerro que tapa el borde costero del Mapocho y está muy piola para pololear ya que los automóviles y los peatones no ven nada. Y no solo para besarse con alguien, sino que para otras cosas también.

Así fue que enganché la bicicleta a una banca y esperé a ver si llegaba otro mino medio caliente a probar la “privacidad”. Estaba atardeciendo y no había nadie más, hasta que apareció un corredor. Andaba con short negro y polera roja, debía medir 1,80, con un aire al actor porno Brent Everet, lo juro!. Ni siquiera hablamos, sólo nos miramos, instalándose de pie a mi lado y comenzando a estirarse mientras yo babeaba de la boca y empezaba a marcar paquete descomunal. Sentado en la banca mi cara quedaba justo a la altura de su paquete. Mire para todos lados, no pasaba nadie. Le dije que estuviera atento por si pasaba alguien mientras le sobaba el paquete.
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La próstata, información y consejos

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Es conocido (o desconocido) en el mundo de los hombres que el punto G en la mujer existe como una leyenda, algo que pocos conocen y pocos pueden realmente hablar del tema. Pero que ocurre con la satisfacción masculina cuando se trata del Punto P o la próstata?

El macho solo toma consciencia de esta parte de su cuerpo cuando llega a cierta edad y el médico introduce los dedos por el ano para ver si tiene algún tumor y está todo Ok. Pero lo que no sabe la mayoría de los hombres es que la próstata es la cúspide del placer masculino para llegar al orgasmo.

Confieso que pertenecía a la mayoría, pensando que los pasivos solamente se dedicaban a recibir dolor en agradecimiento a sus parejas, hasta que decidí probar la experiencia. No es fácil, ser pasivo requiere entrenamiento mental y anal. Un aseo y dieta previos al acto para no caer en vergonzosas anécdotas; y principalmente mucho lubricante y paciencia.

Si uno tiene una pareja paciente, se puede tomar todo el tiempo del mundo. La clave es que el activo esté acostado y uno mismo con mucha lentitud comience a sentarse sobre el pene.
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Felicidad en la hora punta del metro

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Las horas punta ya no son lo mismo hace varios años. Y a propósito de punta, que mejor que hablar de los punteos consentidos en el metro.

Lo rico de ir apretado en un vagón, es cuando te toca un compadre más alto frente a ti. Aquí es todo cosa de estrategia. Siempre pongan la mochila o bolso adelante, cosa que las manos queden a la altura del paquete y puedan manosear al del frente, si es que es gay por supuesto y está de acuerdo.

Un día quedé frente a frente en Estación Central con un chico de unos 26 años, mino y que debía medir 1,90. Siempre me calienta la idea pensar que los altos lo tienen de más de 20 cm. y aquí no era la excepción. Mi mano derecha quedó presionada con su paquete, el cual reaccionó de inmediato y se comenzó a parar en República. Se le notaba la erección por el lado derecho del pantalón, un paquete gigante que llegaba hasta su bolsillo.

Al mino le gustaba el webeo. En Los Héroes empezó a mover su cadera para sobarse el paquete en mi mano. Quise ser más osado y con la esperanza que nadie se bajara en Santa Lucía, con la otra mano que sostenía una chaqueta le tapé un poco la entrepierna. Le bajé el cierre con mucha dificultad, pero lo logré llegando a Baquedano.

Metí la mano dentro de su pantalón y comencé a sobajearlo sobre el slip mientras se llenaba aún más de gente en Manuel Montt. Como todo pasaba tan piola y la excitación era máxima, metí la mano en su slip y le comencé a tocar el pene.
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Gay tips para un rico cibersexo

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Cuando hablamos del cybersexo creo que respondemos a dos tipos de fantasías muy comunes: el exhibicionismo y el voyerismo, ver y ser observado.

Creo que la mejor experiencia que recuerdo del extinto MSN fue hablar por videoconferencia. A eso de comienzos del 2000 habían salas de chat por todo internet y me metí a buscar webeo. Así conocí a varios chicos donde todo era básicamente: baja la cámara, puedes poner más luz?, pajéate, date vuelta.

Una vez conocí a un chico, mi cyber friend, con quien sigo siendo amigo en feis. Nos hemos visto en persona sólo una vez y fue por coincidencia. Ahí hicimos de todo! Bueno… cada uno por su lado, al otro lado de la cam eso si.
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Oh My God! Sexo en NYC

la foto

Terminé la U y lo primero que se me ocurrió hacer con lo ahorrado de la práctica fue pegarme un viaje a New York. Llegué a recorrer la ciudad y luego de visitar edificios famosos y obviamente el Museo del Sexo, me fui por unas calles escondidas donde encontré un sauna.  Ahí me picó la curiosidad, ya que nunca había tenido sexo con un gringo, ni me habían dicho al oído Oh My God!, así que revisé los dólares que llevaba, miré para todas partes avergonzado y entré.

Le dejé mi pasaporte al viejito con cara de caliente de la puerta, me pasó una llave y dejé mi ropa en un casillero. Ahí busqué entre los rincones oscuros a un veintañero aceptable. Fui a las duchas, al sauna húmedo, al sauna seco, bajo las luces de neón, pero nada. Entonces me fui a una pieza con un treintañero aceptable. Debía medir 1,80, fuerte, con brazos gruesos. Era estilo Johnny Bravo.
What´s your name? – me dijo.
Andrew – le contesté – I’m from Chile.
Ah! Yo de Costa Rica – me dijo el tipo.
Wait! Hablas español? Ahí busqué la toalla, me tapé y le dije, sorry, pero no viajé ocho mil kilómetros para tener sexo en español. Le hice el último handjob o paja y me fui… de la pieza.
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