
La semana pasada el enésimo científico dijo haber localizado, en el cadáver de una mujer de 83 años, “tejido erectible, en una estructura muy muy profunda”, al que llamó Punto G.
Los ginecólogos del mundo, cual liga de la justicia, se prepararon para sacar humo blanco y tantas personas se esperanzaron de que con esto sus vidas sexuales cambiarían para siempre. Pero en la práctica su estudio es un tanto subjetivo, ya que no se puede comprobar que todas las mujeres tengan estas mismas estructuras. Así que nos deja de nuevo en ninguna parte.
Si te pones a pensar un poco más sobre el orgasmo femenino y estos “descubrimientos” de científicos hombres, te puedes dar cuenta que estas cosas lo único que logran es mistificar más y más a la vagina, y específicamente a crear la sensación de que la satisfacción sexual de la mujer es inalcanzable para los hombres. O difícil, o al menos dan la excusa para sostener una vida sexual mediocre, inmejorable porque “La Verdad” está oculta.
En mi opinión, hay que dejar de pensar en el Punto G. Todas somos distintas. Existe sólo un punto comprobable de placer en todas: el clítoris, y ese debería siempre ser tu foco de atención. Si quieres que tu mujer se vuelva loca, ese tiene que ser tu objetivo. Y si quieres buscarlo, bienvenido seas, te apuesto a que te agradecen la búsqueda (1313). Pero por favor, dejemos de pensar que hay un punto (que por cierto, dicen que no es un punto si no más bien una zona), donde sólo algunos han llegado, que sólo algunas tienen, y que es donde reside el orgasmo verdadero, porque en la sexualidad nada es absoluto. Todos somos distintos.
Mejor pregúntale a tu mujer qué es lo que la calienta, cuál es su fantasía, y eso sí que va a mejorar tu vida sexual. Mucho más que buscar algo que es simplemente otra obsesión paternalista.