
La columna pasada, @Juanapuntove bloqueó de su existencia a M., su amigui, y siguió adelante con su vida (lo puede leer en su blog personal, pero M., es historia). También decidió volver a los ruedos, pero eso, a nadie le importa.
Miro mi reloj nervioso. Prendo un Malboro Light. Me voy a juntar con un rugbista. No el más buen mozo, pero sí un tipo piola. Cuando llega, es un tipo más bien bajo, buenos brazos, stocky. Como apretado. Compacto, pero sexy. Pedimos un café y hablamos un rato. Tiene su atractivo y de repente me mira fijo a los ojos y me dice: “perdona, pero qué gana de besarte esos labios”. Y yo me descoloco, pero sonrío coqueto. Y ahí él me dice que vive cerca, quiero pasar? Y yo lo miro fijo y me quiebro un poco, pero digo, ¿por qué no? Igual tiene algo, y vamos a su casa y me besa con fuerza, me muerde un poco los labios y en un dos por tres estamos en su pieza, él se pone un condón y sin sacarse la polera me sienta encima de él, de su pico, y todo duele, porque se me ha olvidado un poco como culear, o quizás este tipo no sabe seducir ni calentar. (TIP NARNIANO: Cuando penetre a un segundo o tercero en invierno, refriéguese las manos y masajee su pico y luego el ano. En esta época hace frío y algo calientito es más bienvenido).
Cuando acaba, me dice que tiene un compromiso y me queda mirando con cara de “ándate”, y eso hago, me voy, y me doy cuenta que necesito una actualización erótica, un update en los quickies que hace tanto tiempo que no tengo, porque parece que he olvidado la técnica, la práctica, el feeling con el sexo esporádico one time wonder. Y lo quiero de vuelta.
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