En el capítulo anterior, el atadoso twittero @Juanapuntove hizo un trío con su mejor amigui, y la cosa se complicó. También pasó una semana a base de cigarros, pero eso, a nadie le importa .
Hay un hombre alto, flaco que camina por Lastarria, con un bolso. No es feo. Solo raro. En el bolso tiene gatos. Así, en plural. Y ese voy a ser yo algún día. El loco de los gatos. En una ecuación donde el error siempre parezco ser yo (porque soy, según C.V., la norma, y no la excepción, y ningún hombre cambia realmente por ti), la soledad y los gatos parecen ser un buen resultado sumatorio. Eso y el vodka.
“Me rendí”, le dije a C.V en su minuto. “Llevo de los 16 años, buscando al tipo bacán, y estoy chato, estoy exhausto, dónde cresta está??”. C.V. está un poco ebrio. Yo estoy un poco ebrio. Y claro, se me olvida que en esta ecuación de soledad= gatos + vodka, falta una variante sexual: el pico. El pico distorsiona toda ecuación, perfecta o imperfecta. Y me hace pensar en que todo es siempre más complejo. Me despido de C.V. y salgo a la vida. Nada importa.
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